Tiempo para pensar

El día tiene 24 horas, 1,440 minutos, 86,400 segundos, 86,400,000 milisegundos, 86,400,000,000 microsegundos. El tiempo no se detiene, y nosotros solo lo hacemos cuando dormimos; durante la mayor parte del día, funcionamos en automático, repitiendo tareas y siguiendo alguna rutina. Basta solo un instante en el que nos detenemos para darnos el espacio de pensar.

Pensar es cualquier actividad intelectual en la que nos hacemos presentes y actuamos de forma consciente. Pensar tiene dos momentos: el primero, donde obtenemos información (puede ser mediante una lectura, un programa de audio o algún material audiovisual). Aquí damos información a nuestro cerebro, y es importante ser cuidadosos con la calidad, ya que de esto depende todo el proceso. El segundo momento es cuando procesamos esta información, generamos una reflexión profunda y, según el caso, tomamos decisiones.


Pensar cumple varias funciones en nuestra vida, algunas de ellas son:

  • Reflexionar sobre cómo otros nos ven: Esto nos permite entender cómo nuestras palabras y acciones afectan a otras personas, ayudándonos a corregir y generar Diseñar un plan para lograr nuestras metas: Tener una meta nos da propósito; diseñar un plan para alcanzarla le da intencionalidad a nuestras acciones. Sin tiempo para pensar, difícilmente dirigimos nuestra vida diaria hacia esa meta.

  • Hacernos más humanos, ser mejores personas: Los demás piensan de forma diferente y no debemos tratar de cambiarlos. Debemos aceptarlos y amarlos. Sólo influimos en ellos a través de la empatía, y para ser empáticos debemos detenernos a pensar sobre nuestras diferencias y similitudes.

  • Evitar actuar de manera automática: Como mencionamos al principio, la rutina puede llevarnos a desensibilizarnos frente al impacto de nuestras acciones en nuestra vida y en la de los demás. Tomar una pausa nos ayuda a entender los cambios que necesitamos hacer y cómo la rutina nos afecta.

  • Ser feliz: La felicidad es un concepto muy personal. Para definirla, tenemos que detenernos en el camino y pensar: ¿Cuáles son mis metas? ¿Por qué hago lo que hago? ¿Vivo la vida que quiero o la de alguien más? ¿Mis decisiones me acercan al amor o solo me concentro en placeres momentáneos?


Crear tiempo para pensar

Darse tiempo para pensar requiere hábitos de lectura y reflexión. Recomiendo que cada uno diseñe su propio proceso, según su situación de vida. No todos pueden leer a las 5 de la mañana, otros no pueden leer en la noche; este proceso es de experimentación, y poco a poco descubrirás tus mejores momentos para aprender y reflexionar.


Al recibir formación religiosa, a veces se incluyen momentos de reflexión, como retiros de silencio o ejercicios de escritura para pensar en los cambios que queremos hacer. En mi caso, he creado una rutina diaria (aunque no siempre la logro). Comienza con un diario de agradecimiento, donde escribo al menos 10 cosas por las que estoy agradecido. Después, en otra libreta, escribo tres frases (como “gracias por mi esposa”, “dejaré ir el pasado”, “me concentraré en el presente”). Mi adición más reciente es un cuaderno de visualización, donde anoto cómo me veo en un estado futuro, siempre desde la perspectiva de Dios, lo que me ayuda a tener claridad. Finalmente, leo las lecturas del día y reflexiono sobre ellas. Después de este proceso, leo al menos 50 páginas de un libro, lo cual me permite terminar uno en alrededor de seis sesiones de lectura.


Una invitación a pensar

Te invito a darte un tiempo para pensar. Si necesitas ayuda, no dudes en contactarme en el siguiente link. También puedo ayudar a las personas de tu organización a desarrollar técnicas y hábitos de reflexión.


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